La Festividad de San Martín

Vestido de San Martín este hombre reparte "Weckmänner" entre los niños. Ampliar imagen Vestido de San Martín este hombre reparte "Weckmänner" entre los niños. (© picture-alliance/dpa) "Laterne, Laterne, Sonne, Mond und Sterne". Este típico estribillo puede escucharse en Alemania cada año el 11 de noviembre cuando los niños recorren las calles otoñales con sus farolillos de colores hechos a mano cantando canciones memorizadas con devoción festiva en honor de San Martín. El alegre parpadeo de las velas en los farolillos les ilumina el rostro. Expectantes y emocionados esperan vislumbrar por un instante la figura del hombre que abre el desfile de San Martín montado en un caballo y ataviado con un uniforme de soldado medieval.

Existen muchas leyendas en torno a este personaje cuyas buenas obras y caridad conocen al dedillo los niños alemanes, austriacos y suizos. Nacido con el nombre de Martín de Tours en el año 316 d. C. en Sabaria, en el actual territorio de Hungría, Martín ingresó en el ejército romano siendo mozo. Tras su bautismo y habiendo sido nombrado obispo, misionó y socorrió a los pobres y proscritos.

Según la leyenda, un día Martín se encontró en la puerta de la ciudad de Amiens con un pobre mendigo harapiento, quien le pidió auxilio para guarecerse del gélido frío. Martín solo llevaba su capote militar pero, ni corto ni perezoso, decidió compartirlo con el mendigo. Partió la clámide con la espada y le tendió la mitad al mendigo, que le mostró su profunda gratitud. Tras ese gesto generoso Martín dejó el ejército, abrazó el cristianismo y se hizo bautizar para socorrer a los menesterosos y entregarse al prójimo en lugar de luchar.

Este acto de caridad no es, sin embargo, la única leyenda que existe en torno a San Martín. Cuenta la tradición que, a punto de ser ordenado obispo, Martín, en su humildad, no se sintió digno de ser investido de ese honor y se escondió en un corral de gansos. Los lugareños lo encontraron por el ruidoso graznido de las aves y le proclamaron obispo de la ciudad.

Es muy probable que de allí surgiera la tradición del "ganso de San Martín" que suele cenarse en la noche del santo una vez concluido el desfile de los farolillos. En muchos lugares, sin embargo, el ganso ha sido reemplazado por vino y chocolate calientes y los típicos "Weckmänner", unos bollos que tienen forma de un hombre que lleva una pipa de barro en la boca. Tras el recorrido por las calles al relente de una noche de otoño esta colación templa el cuerpo y reconforta el espíritu.

Hasta el día de hoy no se han desentrañado los orígenes del tradicional desfile de los farolillos. Para muchos ha ido sustituyendo, sin embargo, a las hogueras de San Martín que perviven en algunos pueblos y ciudades europeos. Antaño esas fogatas eran un símbolo de la luz de santidad que ilumina la oscuridad, tal y como Martín con sus buenas obras trajo un rayo de esperanza a la vida de los pobres. Si bien la tradición de las grandes hogueras de San Martín se está perdiendo, la hermosa costumbre de recorrer las calles con farolillos de colores sigue estando hoy en día muy extendida en muchas partes. Niños y mayores siguen con embeleso los desfiles de los pequeños que alumbran con sus farolillos y sus cantos las oscuras calles otoñales:  "Durch die Strassen auf und nieder leuchten die Laternen wieder: rote, gelbe, grüne, blaue, lieber Martin komm und schaue".

Por Denise Kotulla

San Martin

El día de San Martín muchos alemanes también celebran el cumpleaños de Martín Lutero, que en realidad nació un 10 de noviembre.

Alemania al día