"Quiero cambiar algo para ayudar a mi país"
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En uno de los invernaderos del MPI para la investigación fitogenética
(© AA; Foto: Jan Greune)
Dra. Damaris Odeny, Instituto Max Planck (MPI) para la investigación fitogenética, Colonia
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La bióloga molecular Dra. Damaris Odeny, de Kenya, dedica su trabajo científico en el Instituto Max Planck para la investigación fitogenética en Colonia al desciframiento del código genético de la patata. Quiere aprender todo lo que pueda para poder luchar contra el hambre en su país cultivando plantas más resistentes y lograr de este modo mejores cosechas.
El "código interno" de las plantas constituye el campo de investigación a que se dedica la Dra. Damaris Odeny. En el Instituto Max Planck para la investigación fitogenética de Colonia la bióloga molecular se dedica a investigar cuáles son los genes de la patata responsables de protegerla de enfermedades como el tizón tardío. El objetivo consiste en descifrar estos genes existentes en la planta y transmitirlos, mediante procedimientos de cultivo como por ejemplo cruzamientos con plantas silvestres, a las plantas cultivadas.
La ciencia contra el hambre
A lo largo de los últimos años la fitobiología ha experimentado una revolución. Ya se descifraron los primeros genomas, es decir, el conjunto de la información genética, del arroz y de la planta modelo de los biólogos, la Arabidopsis thaliana. La patata aún guarda algunos secretos, si bien los investigadores ya recabaron mucha información sobre su código genético. ¿Qué es lo que más le fascina a Damaris Odeny en su trabajo? "Que tiene el potencial de cambiar la vida de las personas". En este contexto, esa mujer kenyana de 36 años piensa sobre todo en su patria: "Soy de un país donde todavía existe el hambre", afirma. "Y eso a pesar de que tenemos buenos suelos y un buen clima". La bióloga molecular está convencida de que su labor científica podrá mejorar en particular la vida de los pequeños agricultores si contribuye a generar cultivos más resistentes y obtener mejores cosechas. "Pero en los países en vías de desarrollo la biotecnología todavía está lejos de tener la importancia que le corresponde".
Cursar estudios superiores en el extranjero
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Cultivo de patatas para los experimentos de biología molecular
(© AA; Foto: Jan Greune)
Por eso Damaris Odeny se marchó de África. Quería aprender más, trabajar en un laboratorio en mejores condiciones. Es la primera de su familia que cursó estudios superiores. Esa hija de un agricultor de Kisumu en la parte occidental de Kenya, se graduó en agricultura por la universidad de Nairobi obteniendo el título de "bachelor" para luego optar por un enfoque más científico estudiando la carrera de fitogenética en la universidad británica de Nottingham. Tras haber obtenido el título de máster en Gran Bretaña se trasladó a Bonn sin conocer el país ni dominar el idioma, pero sí con un objetivo claramente definido.
Labor orientada hacia la práctica
"Podía haberme doctorado en Londres", cuenta Damaris Odeny segura de sí misma. Pero esto habría significado centrarse más en temas teóricos que en ciencia aplicada. "Buscaba la forma de sacar aún más beneficio de mi trabajo para ayudar a mi país". El programa de doctorado de tres años de duración ofrecido por el Center for Development Research/ZEF (Centro de investigación al desarrollo) de la Universidad de Bonn ofrecía exactamente lo que Damaris Odeny había buscado: una investigación con gran orientación práctica destinada específicamente a contribuir a la lucha contra la pobreza y a un desarrollo sostenible.
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La Dra. Damaris Odeny en un campo de ensayo nevado del MPI
(© AA; Foto: Jan Greune)
Promoción de talentos procedentes de países en vías de desarrollo
Damaris Odeny pudo proseguir sus estudios gracias a una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) financiada con cargo a fondos del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo. Estas becas van específicamente dirigidas a jóvenes científicos excelentes procedentes de países en vías de desarrollo. En el ZEF la bióloga molecular trabajó intensamente sobre una planta útil de gran importancia para los países meridionales, que sin embargo todavía guarda muchos secretos en términos de tecnología genética, a saber, el guandul. Su labor investigadora la llevó también a la India donde estuvo casi un año, y al MPI para la investigación fitogenética de Colonia, ciudad vecina de Bonn.
Gran renombre a nivel internacional
En el área de la fitobiología molecular el Instituto Max Planck se cuenta entre las instituciones investigadoras más importantes a nivel internacional. Aquí se habla sobre todo inglés ya que la mitad de los 180 colaboradores científicos procede de 30 países diferentes. 90 doctorandos de todo el mundo, entre ellos 35 de la Escuela Internacional Max Planck de Investigación, contribuyen a que el ambiente sea aún más internacional. Tras haberse doctorado en 2006, Damaris Odeny se presentó para realizar estudios posdoctorales en el MPI. Quería profundizar sus conocimientos sobre las técnicas más actuales de la biología molecular. "Lo que aprendo aquí sobre la patata podré aplicarlo luego a otras plantas útiles importantes en África".
Poner en práctica los conocimientos adquirido
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Tomando muestras de tallos y hojas de la planta de patata
(© AA; Foto: Jan Greune)
"Luego" será pronto. Ya en 2009 Damaris Odeny volverá a Kenya tal como lo tenía previsto: "No quiero prolongar la lista de mis publicaciones, lo que me importa es cambiar algo en mi país". Le gustaría dirigir un grupo de trabajo en una universidad. Pero su gran sueño es tener su propio centro de investigación con estándar europeo. "Puede sonar algo ambicioso", dice. "Pero teniendo buenas ideas y mostrando que se obtienen resultados pienso que se puede conseguir la financiación, por ejemplo a través de una gran fundación". Y hasta la fecha Damaris siempre ha perseguido sus objetivos con fuerte empeño. "Con lo que aprendí en el MPI espero poder alcanzar en Kenya un nivel científico comparable al europeo", afirma. "Sé que eso no se puede lograr de la noche a la mañana. Pero alguien tiene que hacerlo, entonces ¿por qué no yo?"
Texto: Janet Schayan